En Cartagena reside Joel David Monterrosa Ávila, un niño de 12 años que, según denuncia su madre, estaría en riesgo de perder completamente la visión por una presunta falta de atención oportuna por parte de Coosalud EPS. El caso ha encendido las alertas sobre la continuidad en los tratamientos de pacientes con enfermedades oculares degenerativas, especialmente en menores de edad.
Sorley Ávila Gutiérrez, madre del menor, aseguró que desde hace varios años enfrenta dificultades para acceder a los servicios médicos que requiere su hijo, quien fue diagnosticado a los 9 años con queratocono en ambos ojos. Esta enfermedad, de carácter degenerativo, debilita progresivamente la córnea, causando deformaciones que afectan la calidad de la visión y que, sin tratamiento adecuado, pueden derivar en una pérdida visual severa.
De acuerdo con la madre, pese a la gravedad del diagnóstico, los procedimientos y controles especializados no se han realizado con la periodicidad ni la urgencia que el caso amerita. “Hemos acudido a distintas instancias, veedurías y autoridades de salud buscando que nos ayuden a gestionar las citas y exámenes, pero las respuestas no han sido oportunas”, explicó.
Actualmente, la familia solicita con carácter urgente la autorización de una cita con especialista en córnea, la realización de una topografía corneal —examen clave para evaluar la evolución del queratocono— y la renovación de los lentes de contacto especializados que utiliza el menor. Estos dispositivos son fundamentales para mejorar su visión y evitar el avance acelerado de la enfermedad.
“El médico me pidió una cita urgente para el 20 de enero y ordenó una topografía corneal, pero hasta ahora no se ha realizado. Este año ni siquiera ha sido valorado por el especialista en córnea. Además, los lentes de contacto han sido un problema, porque son costosos y, según nos dijeron, deben ser importados”, afirmó Ávila.
Sobre este punto, allegados a la familia indican que Joel David lleva más de dos años utilizando los mismos lentes de contacto, a pesar de que médicamente se recomienda su cambio anual. Esta situación, advierten, podría estar incidiendo en el deterioro progresivo de su visión.
El impacto de la enfermedad no solo se refleja en su salud, sino también en su vida cotidiana. Según su madre, Joel David ha visto limitada su asistencia al colegio, donde actualmente solo puede permanecer durante cuatro horas al día. Además, enfrenta dificultades para desarrollar actividades académicas como la presentación de exámenes, que en muchos casos deben ser leídos en voz alta debido a sus problemas visuales.
“Hay días en los que no puede ir al colegio porque se le irritan los ojos o presenta infecciones. En esos casos no puede usar los lentes, y sin ellos prácticamente no ve. Eso afecta su aprendizaje y su desarrollo”, agregó la madre.
Ante este panorama, la familia insiste en que Coosalud EPS debe agilizar los trámites pendientes y garantizar la continuidad del tratamiento del menor, advirtiendo que cada retraso puede representar un daño irreversible en su visión. También hacen un llamado a las autoridades de salud para que intervengan y verifiquen el cumplimiento de los derechos del niño.
Por su parte, Coosalud informó que revisará el caso y que se encuentra recopilando la información necesaria para emitir un pronunciamiento detallado sobre la atención brindada al menor. Mientras tanto, la familia de Joel David continúa a la espera de respuestas concretas que permitan evitar que el niño pierda la visión.
¿Por qué el niño está en riesgo de perder la visión?
Joel David fue diagnosticado con queratocono, una enfermedad degenerativa que afecta la córnea y deteriora progresivamente la visión. Según su madre, la falta de atención oportuna, controles especializados y tratamientos adecuados ha puesto en riesgo su salud visual.
¿Qué tratamientos necesita y por qué no los ha recibido?
La familia solicita con urgencia una cita con especialista en córnea, una topografía corneal y el cambio de lentes de contacto especializados. Sin embargo, denuncian demoras en autorizaciones y acceso a estos servicios, pese a haber acudido a distintas instancias en busca de ayuda.
¿Cómo ha impactado esta situación la vida del menor?
La enfermedad ha limitado su asistencia al colegio a solo cuatro horas diarias y le dificulta realizar actividades académicas. En episodios de irritación o infección, no puede usar sus lentes y prácticamente no ve, lo que afecta su aprendizaje y desarrollo diario.