¿La obesidad es falta de voluntad? Expertos explican por qué es una enfermedad crónica

La obesidad es una enfermedad que va más allá del peso: expertos llaman a combatir el estigma y fortalecer el tratamiento integral.

La obesidad es una enfermedad que va más allá del peso: expertos llaman a combatir el estigma y fortalecer el tratamiento integral. En consultorios, hogares y espacios sociales, el exceso de peso ha sido tratado con frecuencia como una responsabilidad individual, mientras factores biológicos, metabólicos y ambientales quedaban en segundo plano.

Actualmente, especialistas plantean una mirada diferente en el Foro Latinoamericano VALUE Exp, un espacio de actualización y conocimiento para periodistas de distintos países de la región alrededor de la obesidad y la salud cardiometabólica, organizado por Novo Nordisk: la obesidad es una enfermedad crónica, compleja y recurrente que requiere prevención, diagnóstico y tratamiento médico, además de políticas públicas que permitan reducir sus efectos sobre la salud y sobre la calidad de vida.

La doctora Dolores Mejía, gerente de Investigación del Hospital General de la Plaza de la Salud, internista, endocrinóloga y nutrióloga en República Dominicana, sostiene que uno de los principales cambios en el abordaje de la obesidad ha sido reconocerla como una enfermedad y dejar atrás la idea de que quienes la padecen simplemente no quieren cambiar sus hábitos.

Según la especialista, las recomendaciones se concentraron principalmente en modificar el estilo de vida mediante actividad física y alimentación balanceada. Sin embargo, muchos pacientes continuaban enfrentando dificultades para alcanzar y mantener una reducción de peso, pese a tener la intención de hacerlo.

“Los pacientes seguían a pesar de tener el deseo y la intención de cambiar. No lo podían lograr y fueron estigmatizados a lo largo del tiempo con falta de voluntad”, explica Mejía.

Para la experta, esa mirada ignoraba los factores biológicos que intervienen en la obesidad y que pueden dificultar que una persona modifique de manera sostenida su peso.

La explicación permite entender por qué el tratamiento de la obesidad no se limita simplemente a “comer menos”. El organismo cuenta con mecanismos biológicos que regulan el hambre, la saciedad y la ingesta, y los nuevos tratamientos buscan intervenir precisamente en esas vías.

Pero los especialistas advierten que el efecto de las nuevas tecnologías y tratamientos no debe analizarse únicamente desde la balanza.

Más allá de bajar de peso

Mejía señaló que la evidencia científica ha mostrado beneficios asociados a diferentes complicaciones relacionadas con la obesidad y otras enfermedades metabólicas.

Entre los aspectos estudiados se encuentran el riesgo cardiovascular, la función renal, la enfermedad hepática asociada al exceso de grasa y algunas enfermedades que afectan la movilidad.

En el caso de las personas con enfermedad arterial periférica, por ejemplo, una mejoría en la capacidad para caminar puede parecer modesta desde una perspectiva clínica, pero representa un cambio significativo en la vida cotidiana de un paciente.

La especialista pone el ejemplo de una persona que consigue caminar unos metros adicionales sin experimentar el dolor que antes la obligaba a detenerse. Esos metros pueden significar recuperar la posibilidad de preparar sus alimentos, compartir con la familia, bañarse o realizar actividades cotidianas sin depender de otra persona.

La obesidad también está relacionada con procesos inflamatorios. Por eso, explica Mejía, la mejoría de algunos pacientes no debe atribuirse únicamente a la pérdida de peso, sino también a cambios metabólicos y en procesos inflamatorios asociados con la enfermedad.

El peso de la discriminación

Pero mientras la ciencia modifica la forma de tratar la obesidad, existe otro desafío que sigue presente: el estigma.

Expresiones como “gordito feliz” y otros comentarios aparentemente inofensivos, pueden contribuir a normalizar una visión superficial de una enfermedad que afecta la salud física y emocional de millones de personas.

Mejía advierte que ese estigma tiene consecuencias concretas. Según la especialista, las personas que viven con obesidad pueden tardar años en hablar abiertamente con un médico sobre su condición.

“Tenemos que ver a las personas que viven con obesidad desde la empatía y desde el respeto”, sostiene.

La consecuencia de ese silencio puede ser el retraso en el diagnóstico y el tratamiento. Por eso, plantea que el abordaje debe partir de la educación, la solidaridad y el respeto, y no de la culpabilización.

“Es un problemón” de salud pública

El médico internista y especialista en Chile en el manejo de la obesidad, Rodrigo Alonso, coincide en que el primer paso consiste en reconocer la dimensión del problema.

El especialista explica que la obesidad cumple criterios para ser considerada una enfermedad y que, además, tiene un carácter crónico porque se desarrolla y permanece a lo largo del tiempo.

Su prevalencia también la convierte en un problema de salud pública. Alonso señala que aproximadamente uno de cada tres adultos en Latinoamérica vive con obesidad, una dimensión que genera consecuencias no solo para los pacientes, sino también para sus familias, los sistemas sanitarios y las economías de los países.

La enfermedad, además, puede presentarse acompañada de otras complicaciones y contribuir al desarrollo de múltiples problemas de salud

“Es un problema, es un problemón”, resume el especialista al dimensionar el impacto de la obesidad en la región.

El estigma también está dentro del consultorio

Alonso advierte que el estigma no proviene únicamente del entorno social. También puede aparecer dentro de la propia persona, en la familia e incluso en los servicios de salud.

El llamado autoestigma puede hacer que el paciente se sienta culpable por su condición y termine responsabilizándose por completo de una enfermedad que tiene múltiples componentes.

Por eso, considera fundamental educar a pacientes, familias y profesionales de la salud para reducir los prejuicios y facilitar un diagnóstico adecuado, así como un tratamiento y seguimiento a largo plazo.

La prevención comienza en la infancia

La historia tampoco termina en el consultorio. Para Alonso, prevenir la obesidad requiere comenzar mucho antes y comprometer a las familias, los colegios y el entorno social.

La educación de los padres sobre alimentación es fundamental, pero también lo es la formación que reciben los niños en los centros educativos.

El especialista destaca el caso de Chile, donde las políticas de etiquetado frontal de alimentos han permitido que los consumidores, incluidos los niños, tengan mayor información sobre determinados productos y su composición nutricional.

La idea, explica, no es prohibir absolutamente determinados alimentos, sino ayudar a comprender la frecuencia y cantidad con que son consumidos.

Otro de los grandes retos es recuperar la actividad física durante la infancia. Los especialistas advierten que los niños pasan cada vez más tiempo frente a teléfonos celulares, videojuegos y otras pantallas, mientras disminuyen las oportunidades para jugar y realizar actividad física.

Por ello, la prevención debe incluir tanto educación alimentaria como promoción del movimiento y hábitos saludables desde los primeros años de vida.

Claves del tema, en cuatro preguntas:

¿Por qué la obesidad es considerada una enfermedad y no solo un problema de peso?

La obesidad es una enfermedad crónica, compleja y recurrente en la que intervienen factores biológicos, metabólicos, ambientales y sociales. Por eso, los especialistas señalan que su tratamiento no depende únicamente de la fuerza de voluntad o de cambios en la alimentación y la actividad física.

¿Cómo afecta el estigma a las personas que viven con obesidad?

El estigma puede generar culpa, discriminación y autoestigma, además de hacer que algunas personas retrasen la búsqueda de atención médica. Los expertos consideran fundamental abordar la obesidad desde la empatía y el respeto para facilitar el diagnóstico, el tratamiento y el seguimiento de los pacientes.

¿Qué beneficios puede generar el tratamiento de la obesidad más allá de la pérdida de peso?

Los tratamientos pueden contribuir a mejorar diferentes aspectos de la salud cardiometabólica y reducir complicaciones relacionadas con la obesidad. También pueden favorecer la movilidad, la función renal, la salud hepática y la calidad de vida, dependiendo de las condiciones particulares de cada paciente.

¿Qué papel tienen la prevención y los nuevos tratamientos frente a la obesidad?

La prevención debe comenzar desde la infancia mediante educación alimentaria, actividad física y hábitos saludables con participación de las familias, colegios y comunidades. Los nuevos tratamientos pueden ser una herramienta para determinados pacientes, pero deben utilizarse dentro de un manejo médico integral y con seguimiento profesional.