Cinco momentos que marcaron la vida de Plinio Apuleyo Mendoza junto a Gabriel García Márquez

Plinio Apuleyo Mendoza fue una de las grandes amistades que forjó 'Gabo' desde llegó a Bogotá.
García Márquez y Plinio Apuleyo Mendoza forjaron su amistad desde que el primero llego a Bogotá en los 40. Crédito: Colprensa

La historia de la literatura hispanoamericana del siglo XX no puede entenderse sin explorar la fraternidad que unió al periodista Plinio Apuleyo Mendoza, quien falleció este martes 28 de julio de 2026, con el Premio Nobel Gabriel García Márquez. Más que una amistad entre colegas, el vínculo entre ambos colombianos fue un diálogo sobre el arte de contar historias, el periodismo y los paisajes políticos de la época.

A lo largo de más de medio siglo, compartieron redacciones, carencias económicas en el exilio y proyectos editoriales. Esta complicidad dejó huella en las trayectorias de ambos autores y dio lugar a testimonios fundamentales para comprender la génesis del realismo mágico y el proceso creativo de «Gabo».

El café El Molino y los años de penuria del exilio en París

El primer hito de este camino ocurrió entre 1947 y 1948 en Bogotá, cuando dos jóvenes universitarios apasionados por los libros comenzaron a frecuentar el café El Molino. En aquellas tertulias, entre tazas de café y debates sobre la realidad colombiana previa al Bogotazo, Mendoza y García Márquez entablaron sus primeras conversaciones sobre literatura y periodismo narrativo.

Años después, a mediados de la década de 1950, el destino los reencontró en París. Mientras el futuro Nobel subsistía en la buhardilla del Hotel de Flandre tras el cierre del diario El Espectador, Mendoza le brindó respaldo económico y emocional. En esa etapa de penurias, García Márquez redactó una de sus obras maestras: El coronel no tiene quien le escriba.

El compromiso en Prensa Latina y el hito de El olor de la guayaba

El triunfo de la Revolución Cubana en 1959 marcó el tercer momento de su relación profesional y política. Ambos se vincularon a la agencia Prensa Latina. Mendoza asumió la dirección de la oficina en Bogotá, mientras García Márquez trabajaba en las sedes de La Habana y Nueva York. Juntos promovieron un periodismo de investigación con compromiso social y latinoamericanista.

El cuarto momento aconteció en 1982 con la publicación de El olor de la guayaba, una serie de conversaciones en las que Mendoza entrevistó a su amigo. Lanzado el mismo año en que el autor de Aracataca recibió el Premio Nobel de Literatura, el libro se consolidó como guía para descifrar el universo de Cien años de soledad y el método de escritura de Gabo.

Un afecto imperecedero a través de la memoria literaria

El quinto y último hito abarca las décadas finales de su relación, cuando, pese a distancias ideológicas y políticas, mantuvieron una lealtad personal indestructible. A través de correspondencia y llamadas telefónicas semanales, la amistad sobrevivió a cualquier discrepancia.

Plinio Apuleyo Mendoza inmortalizó estas vivencias en libros como Aquellos tiempos con Gabo y Gabo. Cartas y recuerdos. Gracias a estos testimonios, la memoria periodística preservó la faceta más humana de una de las duplas más influyentes de las letras hispanas.