Prevención del suicidio: por qué detectar las señales de alerta puede salvar vidas

Una experta de la Universidad de La Sabana plantea capacitar a médicos, docentes, psicólogos, trabajadores sociales y líderes comunitarios para identificar señales de alerta y activar rutas de ayuda.
Salud mental Crédito: Pexels / MART PRODUCTION

En Colombia, una de las principales dificultades para prevenir los casos de suicidio está relacionada con la detección oportuna del riesgo.

La mayoría de las personas que finalmente mueren por suicidio no había consultado previamente a un psiquiatra, una situación que pone de relieve la necesidad de ampliar la capacidad de identificación y atención más allá de los servicios especializados.

La psiquiatra, profesora e investigadora Yahira Guzmán, de la Facultad de Medicina de la Universidad de La Sabana, advierte que esta realidad obliga a fortalecer la preparación de otros profesionales y actores que tienen contacto cotidiano con personas potencialmente vulnerables.

A esta dificultad se suma la disponibilidad limitada de especialistas. En Colombia se estima que existen alrededor de dos psiquiatras por cada 100.000 habitantes, lo que hace aún más importante que otros profesionales estén preparados para reconocer las señales de alarma y orientar a quienes necesitan ayuda.

La prevención no puede depender únicamente del psiquiatra

Para Guzmán, contar con mejores instrumentos de evaluación del riesgo suicida no es suficiente. En la práctica clínica, sostiene, la percepción del profesional frente al comportamiento del paciente puede tener un peso determinante.

Tiene más peso su impresión personal que el resultado que pueda mostrarle determinada escala”, señala la especialista, quien considera necesario enseñar a los médicos a enfrentarse a pacientes difíciles y a situaciones que pueden generarles temor, incomodidad o incertidumbre.

Esta reflexión hace parte de su trabajo “Educación en riesgo suicida, una necesidad bioética”, en el que plantea la importancia de capacitar a personal que no necesariamente pertenece al campo de la psiquiatría.

La propuesta incluye a trabajadores sociales, psicólogos, profesores, orientadores y líderes comunitarios, quienes pueden convertirse en actores fundamentales para detectar tempranamente cambios de comportamiento, desesperanza, aislamiento o señales de autolesión.

El objetivo no sería convertirlos en especialistas en psiquiatría, sino proporcionarles herramientas para reconocer situaciones de riesgo, conversar con la persona y facilitar el acceso oportuno a atención profesional.

¿Cuáles son las señales de alerta?

Según Guzmán, dos de cada tres casos de suicidio están asociados con síntomas depresivos, que pueden presentarse como un trastorno primario o aparecer relacionados con otras enfermedades médicas o condiciones de salud mental.

En los adultos, algunas señales que deben llamar la atención son el aislamiento, la desesperanza, el descuido personal y las despedidas inusuales. También puede presentarse una situación que suele resultar desconcertante para familiares y amigos: una aparente calma repentina después de un periodo de profundo sufrimiento.

Para la especialista, este cambio puede ser una señal de que la persona ha tomado una decisión y, por ello, no debería interpretarse automáticamente como una mejoría.

En los niños, las manifestaciones pueden ser diferentes. Entre las señales se encuentran el aislamiento, la irritabilidad y una disminución en el rendimiento escolar.

La recomendación es no minimizar expresiones de desesperanza, cambios importantes en el comportamiento o conductas de autolesión. Por el contrario, estas situaciones deben entenderse como oportunidades para intervenir y buscar ayuda.

Preguntar directamente no provoca el suicidio

Uno de los mitos que todavía persisten alrededor de la prevención del suicidio es la idea de que hablar directamente sobre la muerte puede inducir a una persona a quitarse la vida.

Guzmán sostiene lo contrario. Preguntar de manera directa por la existencia de pensamientos suicidas no induce a la acción y puede permitir que la persona se sienta escuchada y comprendida.

Abrir la conversación puede comenzar con preguntas sencillas sobre el estado emocional de la persona, como si se siente desesperada, si piensa frecuentemente en la muerte o si ha llegado a considerar quitarse la vida.

Estas conversaciones, realizadas de manera empática y sin juzgar, pueden facilitar la identificación del riesgo y permitir que se active la ayuda necesaria.

La depresión también afecta la capacidad de decidir

La especialista advierte además que una persona que atraviesa un episodio depresivo puede tener una capacidad de decisión disminuida. Por eso, la intervención debe concentrarse en atender la condición que está generando el sufrimiento y no asumir que el deseo de morir constituye una decisión autónoma e inmodificable.

Desde esta perspectiva, proteger la vida implica intervenir sobre las causas y síntomas de la depresión, brindar acompañamiento y facilitar el acceso a profesionales de salud mental.

La recomendación para quienes atraviesan una situación emocional difícil es no enfrentarla en soledad. Hablar con una persona de confianza y buscar atención profesional puede ser un primer paso para recibir apoyo.

Romper el estigma también salva vidas

Más allá de la disponibilidad de especialistas, existe otro obstáculo: el estigma que todavía rodea a la salud mental.

Para Guzmán, es necesario cambiar la idea de que pedir ayuda constituye una señal de debilidad. Esto implica reducir los prejuicios frente a los síntomas emocionales y frente a las profesiones, tratamientos y servicios relacionados con la salud mental.

La prevención, por tanto, no debería limitarse a campañas que hablen exclusivamente del suicidio. La propuesta de la experta es dar mayor visibilidad a la salud mental en los medios de comunicación y en los ambientes escolares, promoviendo una cultura en la que las personas puedan reconocer su sufrimiento y solicitar apoyo antes de llegar a una situación crítica.

El mensaje central es sencillo: levantar la mano, pedir ayuda y aceptar la ayuda.

En el Día Mundial de Prevención del Suicidio, la discusión vuelve a poner el foco en la necesidad de actuar antes de que ocurra una tragedia. Detectar las señales, preguntar, escuchar sin juzgar y conectar a la persona con ayuda profesional pueden convertirse en acciones decisivas frente a un problema que no solo cobra la vida de quien muere, sino que también deja profundas consecuencias en familiares, amigos y comunidades.

Cifras mundiales

Cada año, más de 720.000 personas mueren por suicidio en el mundo, de acuerdo con datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS) correspondientes a 2025. El fenómeno constituye uno de los principales desafíos de salud pública y afecta de manera particular a los adolescentes y jóvenes: el suicidio es la tercera causa de muerte entre las personas de 15 a 19 años.

Claves del tema en cuatro preguntas

¿Por qué es difícil detectar a tiempo el riesgo de suicidio?

Porque muchas de las personas que finalmente mueren por suicidio no habían consultado previamente con un psiquiatra. Además, Colombia cuenta con una disponibilidad limitada de especialistas, por lo que resulta necesario capacitar a otros profesionales y actores cercanos a la comunidad para identificar señales de alerta.

¿Cuáles son las principales señales de alerta?

En los adultos pueden aparecer aislamiento, desesperanza, descuido personal, despedidas inusuales y, en algunos casos, una calma repentina después de un periodo de sufrimiento. En los niños pueden presentarse aislamiento, irritabilidad y disminución del rendimiento escolar. Las expresiones de desesperanza y las autolesiones también requieren atención.

¿Preguntar directamente a una persona si piensa en suicidarse puede aumentar el riesgo?

No. De acuerdo con la especialista Yahira Guzmán, preguntar directamente por pensamientos relacionados con la muerte o el suicidio no induce a la persona a quitarse la vida. Por el contrario, puede permitir que exprese lo que está viviendo, se sienta escuchada y reciba ayuda oportunamente.

¿Qué se puede hacer para prevenir una conducta suicida?

Es fundamental detectar las señales tempranas, escuchar sin juzgar, fortalecer las redes de apoyo y facilitar el acceso a profesionales de salud mental. También es necesario combatir el estigma que hace que muchas personas consideren que pedir ayuda es una muestra de debilidad. La recomendación es pedir ayuda, comunicarse con personas de confianza y aceptar el acompañamiento profesional.