¿Qué tienen en común los grandes accidentes aéreos en Colombia? Un ingeniero aeronáutico lo explica

Los recientes accidentes aéreos en Colombia reabrieron el debate sobre la seguridad en la aviación. Un ingeniero aeronáutico explica qué factores suelen repetirse en estas tragedias y cómo se investigan.
Casos históricos y siniestros recientes volvieron a poner bajo la lupa la seguridad aérea en el país. Expertos piden evitar conclusiones apresuradas y analizar causas técnicas. Crédito: Freepik

Los recientes accidentes aéreos registrados en Colombia durante 2026 volvieron a encender las alarmas sobre la seguridad aérea en el país y reabrieron un debate que se repite cada vez que ocurre una tragedia de este tipo: ¿se pudo haber evitado?, ¿qué falló? y ¿qué elementos suelen repetirse en estos siniestros?

Casos como el accidente del vuelo de Satena que cubría la ruta Cúcuta–Ocaña y el siniestro en el que murió el cantante Yeison Jiménez junto a su equipo de trabajo, pusieron nuevamente en el centro de la discusión los protocolos de mantenimiento, la toma de decisiones en cabina y la forma en la que se desarrollan las investigaciones técnicas tras un accidente aéreo

Una historia marcada por tragedias aéreas

Colombia ha sido escenario de algunos de los accidentes aéreos más recordados de América Latina. Desde finales de los años 80, al menos siete siniestros de gran magnitud han dejado cientos de víctimas fatales y han marcado la historia de la aviación nacional.

Uno de los casos más recordados ocurrió en diciembre de 1995, cuando el vuelo 965 de American Airlines se estrelló contra una montaña en cercanías de Buga durante su aproximación a Cali, dejando 159 personas fallecidas. Años antes, en marzo de 1988, el vuelo 410 de Avianca impactó contra el cerro El Espardillo, en Norte de Santander, poco después de despegar de Cúcuta con destino a Cartagena.

A esta lista se suman tragedias como el vuelo 501 de SAM Colombia, que chocó contra el páramo de Frontino, en Antioquia; el vuelo 422 de Air France, que se estrelló contra el cerro El Cable en Bogotá apenas minutos después de despegar; y el vuelo 120 de TAME, que en 2002 se accidentó en inmediaciones del volcán Cumbal, en Nariño, en medio de condiciones de baja visibilidad.

Valencia también enfatizó que la seguridad aérea no comienza después de un siniestro, sino mucho antes, con procesos de mantenimiento adecuados y controles estrictos.Crédito: Pixabay

Uno de los episodios más dolorosos y recordados ocurrió en noviembre de 2016, cuando el vuelo 2933 de LaMia, que transportaba al equipo brasileño Chapecoense, se estrelló cerca del aeropuerto José María Córdova, en Rionegro. Investigaciones posteriores revelaron fallas graves en la planificación del vuelo, especialmente en el cálculo del combustible necesario para completar la ruta

¿Qué tienen en común estos accidentes?

Aunque cada uno de estos siniestros tuvo causas distintas —que van desde errores de navegación y fallas operativas hasta condiciones meteorológicas adversas y decisiones humanas—, todos activaron procesos de investigación técnica exhaustiva cuyo objetivo es reconstruir minuto a minuto lo ocurrido y evitar que tragedias similares se repitan

Desde la ingeniería aeronáutica, uno de los principales llamados es a no sacar conclusiones anticipadas. Sebastián Valencia, docente de ingeniería aeronáutica de la Fundación Universitaria Los Libertadores, explicó que los primeros análisis tras un accidente aéreo siguen un orden riguroso.

Siempre es tratar de evitar cualquier tipo de conclusiones a la ligera”, señaló el experto, al referirse a la presión mediática y social que suele aparecer tras este tipo de tragedias

Los primeros factores que se investigan

Según Valencia, las investigaciones suelen comenzar con la revisión del historial de mantenimiento de la aeronave, las condiciones técnicas del vuelo y las fases críticas, especialmente el despegue y el ascenso inicial.

Se analiza el mantenimiento de la aeronave, el estado de los sistemas, las condiciones del vuelo y si hubo alguna advertencia en los instrumentos”, explicó el ingeniero aeronáutico

El experto advirtió que situaciones como problemas de motor o alertas durante el despegue representan escenarios de alta criticidad, aunque insistió en que cualquier hipótesis debe ser sustentada con evidencia técnica.

Uno de los episodios más dolorosos y recordados ocurrió en noviembre de 2016, cuando el vuelo 2933 de LaMia, que transportaba al equipo brasileño Chapecoense.Crédito: Pexles

Cuando se presentan advertencias en los instrumentos o fallas en el motor, especialmente en el despegue, el riesgo aumenta considerablemente, pero todo debe analizarse con cautela”, puntualizó

Valencia también enfatizó que la seguridad aérea no comienza después de un siniestro, sino mucho antes, con procesos de mantenimiento adecuados y controles estrictos.

El mantenimiento preventivo es clave para evitar que aparezcan señales de alerta, y el mantenimiento correctivo es fundamental cuando estas ya se presentan”, afirmó el docente de la Fundación Universitaria Los Libertadores

En un país como Colombia, con una geografía compleja y condiciones climáticas variables, cada accidente aéreo deja lecciones que deben traducirse en mejores prácticas, mayor control técnico y decisiones operativas más seguras.

Finalmente, el experto recordó que las investigaciones técnicas no buscan señalar culpables de manera anticipada, sino identificar fallas estructurales y operativas. “La investigación aeronáutica busca aprender de los errores para corregirlos a tiempo y evitar nuevas tragedias”, concluyó