¿Alguna vez se ha encontrado en ese momento de una fiesta en el que dice “ya me voy”, pero termina haciéndolo sin despedirse?
De acuerdo con la ciencia, esta conducta no obedece a una falta de interés social ni a una descortesía, sino a un mecanismo de protección emocional.
Para la médica especialista en psiquiatría y salud mental, Laura Villamil, este acto rara vez responde a una intención de desaire, ya que suele estar relacionado con una estrategia de autorregulación emocional.
“Las reuniones sociales implican enfrentar múltiples estímulos de forma simultánea, como ruido, conversaciones cruzadas, demandas constantes de interacción y la necesidad permanente de interpretar señales sociales. Para algunas personas, este entorno activa un estado de alerta fisiológica sostenida que, cuando supera la capacidad de procesamiento del organismo, desencadena la búsqueda de una salida rápida y silenciosa”, explica la experta.
Los especialistas coinciden en que las despedidas, además de ser un gesto socialmente esperado, representan un momento de alta exigencia emocional, pues implican contacto visual, explicaciones, validación del otro, manejo de expectativas y, en muchos casos, la justificación del motivo de la partida.
En personas con ansiedad social, rasgos evitativos, alta sensibilidad o historias de apego inseguro, este proceso puede resultar especialmente abrumador.
¿Qué es la ansiedad social?
La ansiedad social es un trastorno que va más allá de la timidez. Se caracteriza por un miedo intenso y persistente a ser observado o juzgado por otros en situaciones sociales, lo que puede llevar a evitar interacciones cotidianas y afectar la vida diaria de quienes la padecen, según explica Selia, plataforma digital de salud mental.
De acuerdo con expertos y con datos del National Institute of Mental Health, la ansiedad social puede interferir de manera significativa en el trabajo, la escuela y las relaciones interpersonales. Este trastorno afecta aproximadamente al 7 % de la población cada año, por lo que resulta fundamental distinguir entre timidez y ansiedad social.
Entre las manifestaciones más frecuentes se encuentran el miedo a hablar en público, participar en reuniones, conocer personas nuevas o asistir a eventos sociales, así como la preocupación excesiva por ser el centro de atención. También pueden presentarse síntomas físicos como sudoración, temblores o palpitaciones al enfrentar situaciones sociales.
La especialista en psiquiatría señala, además, que el hecho de no despedirse puede estar asociado a factores aprendidos. Cuando una persona ha vivido experiencias previas percibidas como amenazantes u ofensivas, el cuerpo puede recordar esas sensaciones y responder de la misma manera ante situaciones similares, incluso cuando el contexto ya no represente un peligro real.
¿Qué ocurre en el sistema nervioso?
Desde la neurobiología, cuando se alcanza un nivel de saturación social, se activa el sistema nervioso simpático, lo que incrementa la ansiedad y la necesidad de escape. En este contexto, retirarse de forma discreta permite una desescalada del estado de alerta, favoreciendo la regulación emocional.
“No se trata de falta de afecto hacia los demás, sino de priorizar el equilibrio interno cuando la interacción deja de sentirse segura o tolerable”, señala la especialista.
Esta conducta no puede analizarse únicamente desde una perspectiva moralista, ya que no todas las normas sociales son procesadas de la misma manera por los distintos sistemas nerviosos. Para algunas personas, despedirse es un gesto amable; para otras, representa un momento de tensión que excede sus recursos emocionales.
“Reconocer esta diversidad no implica justificar toda conducta, pero sí invita a interpretar el silencio no como rechazo, sino como una señal de límites internos que merecen ser comprendidos con mayor empatía”, concluye la médica.
En los casos de ansiedad social, existen opciones de tratamiento que pueden mejorar de manera significativa la calidad de vida. Selia destaca alternativas como la terapia cognitivo-conductual, la terapia de exposición, el uso de medicamentos, así como el apoyo social y los grupos de apoyo.
Ante episodios de ansiedad, la plataforma recomienda técnicas de relajación, como dedicar al menos 10 minutos diarios a ejercicios de respiración profunda, meditación guiada o prácticas como el yoga.
Asimismo, resalta la importancia del ejercicio regular para reducir la ansiedad social, ya que favorece la liberación de endorfinas, neurotransmisores asociados con la mejora del estado de ánimo.