El telescopio espacial Neil Gehrels Swift, de la Nasa, se acerca al final de su trayectoria en órbita y podría regresar a la Tierra durante los próximos días. Aunque todavía no existe una ubicación definida para su reentrada, la franja por la que se desplaza incluye territorios de América Central y del Sur, por lo que Colombia se encuentra dentro de las regiones que podrían estar bajo su trayectoria.
El regreso del observatorio ocurre después de que la agencia espacial estadounidense agotara sus posibilidades de rescatarlo. La misión que debía prolongar su vida útil fracasó por problemas técnicos en la nave robótica LINK, desarrollada por la compañía Katalyst Space Technologies. Ahora, los equipos de seguimiento monitorean el descenso de un objeto que lleva casi 22 años estudiando algunos de los fenómenos más energéticos del universo.
¿Dónde podría caer el telescopio Swift?
La ubicación exacta de la reentrada todavía es desconocida. De acuerdo con los cálculos de Aerospace Corporation, la órbita de Swift tiene una inclinación aproximada de 21 grados respecto al ecuador. Esta característica limita las posibles zonas de reentrada a una franja comprendida entre los 21 grados de latitud norte y los 21 grados de latitud sur.
Ese rango incluye partes de América Central y del Sur, África, India, el sudeste asiático y Australia. Colombia, por su ubicación geográfica, está dentro de esa franja general. Sin embargo, esto no significa que el telescopio vaya a caer en territorio colombiano ni que exista una ciudad identificada como posible punto de impacto.
La mayor parte de esa zona corresponde a océanos, por lo que los cálculos apuntan a que los restos podrían terminar en el mar. Además, las trayectorias que publica Aerospace Corporation representan posibles recorridos de reentrada y no una predicción definitiva de dónde tocará tierra el material que sobreviva.
La última estimación disponible de esta organización sitúa la reentrada alrededor del 4 de noviembre de 2026, con un margen de incertidumbre de aproximadamente 26 horas antes o después. Este pronóstico puede modificarse debido a las condiciones de la atmósfera y al descenso acelerado del observatorio.
¿El telescopio de la Nasa podría sobrevivir a la caída?
Swift tiene una masa aproximada de 1.500 kilogramos y unas dimensiones de 5,6 por 5,4 metros. Sin embargo, no se espera que toda su estructura llegue intacta a la superficie terrestre.
Durante el ingreso a la atmósfera, la fricción y las altas temperaturas provocarán que gran parte del observatorio se desintegre. Algunos componentes fabricados con materiales más resistentes, como piezas de tungsteno y partes de los espejos, podrían sobrevivir al proceso y alcanzar la superficie.
Esto no significa que vaya a caer un telescopio completo. Lo que podría llegar a la Tierra serían algunos fragmentos, cuya ubicación tampoco puede establecerse con precisión mientras no se concrete la reentrada.
La misión de rescate que no pudo salvar a Swift
La caída de este observatorio tiene detrás un intento de rescate que la Nasa presentó como una operación inédita. En julio de 2026, la agencia envió al espacio la nave LINK, construida por Katalyst Space Technologies, con el objetivo de acercarse a Swift, sujetarlo mediante tres brazos robóticos y elevarlo a una órbita más segura.
El proyecto enfrentó dificultades poco después del lanzamiento. LINK presentó problemas en sus sistemas de orientación y control, perdió la estabilidad y comenzó a girar en el espacio. Aunque los ingenieros trabajaron para recuperar el vehículo, las condiciones no permitieron completar el acoplamiento con el telescopio.
La Nasa terminó cancelando la operación de rescate. De esta manera, Swift quedó sin una alternativa para recuperar la altura que había perdido.
¿Por qué Swift comenzó a caer hacia la Tierra?
El aumento de la actividad solar fue uno de los factores que aceleró el descenso. La energía del Sol calentó y expandió las capas superiores de la atmósfera terrestre, incrementando la resistencia que experimentaba el observatorio mientras orbitaba el planeta.
Swift no contaba con un sistema de propulsión propio que le permitiera corregir su trayectoria y recuperar altura. Por eso, la pérdida orbital terminó convirtiéndose en un proceso irreversible.
Lanzado el 20 de noviembre de 2004, el observatorio fue diseñado para estudiar estallidos de rayos gamma, supernovas y otros fenómenos cósmicos. Su trabajo permitió detectar miles de eventos astronómicos y alertar a otros telescopios para realizar observaciones complementarias.
Su reentrada marcará el final de una misión científica que superó ampliamente su vida útil prevista. Mientras tanto, la posibilidad de que algunos fragmentos atraviesen la atmósfera mantiene la atención sobre una franja del planeta en la que se encuentra Colombia, aunque todavía no existe evidencia de que sus restos vayan a caer en el país.