La trampa de Tinder para extranjeros en Medellín: los enamoraban y luego los dormían

La mujer contó cómo comenzó a participar en estos robos cuando tenía 16 años y cómo captaban a extranjeros recién llegados a Medellín.
En el podcast Más allá del silencio, relató algunos de los casos, incluido uno en el que aseguró haber robado $50 millones. Crédito: AFP

Una cita que comenzaba con conversaciones por Tinder podía terminar con una persona dormida y sin sus pertenencias. Así lo relató una joven que, según contó en el podcast Más allá del silencio, de Rafael Poveda, comenzó a participar en este tipo de robos cuando tenía apenas 16 años.

La mujer explicó que el grupo buscaba principalmente a extranjeros que acababan de llegar a Medellín y que podían ser contactados a través de aplicaciones de citas. El objetivo era generar confianza antes del encuentro presencial y, posteriormente, despojarlos de dinero, dispositivos y otros objetos de valor.

Durante la conversación con Rafael Poveda, la mujer relató detalles de cómo funcionaba esta dinámica, desde la selección de las víctimas hasta los momentos que terminaron en millonarios robos y, finalmente, en su captura.

Tinder era el primer paso para encontrar a las víctimas

Según contó, otras personas se encargaban de manejar las cuentas de Tinder y establecer el contacto inicial con los hombres. Ella participaba posteriormente en las conversaciones y encuentros presenciales.

“Yo les mandaba audios, hacía videollamadas y les decía que estudiaba veterinaria, que vivía con mi mamá”, relató.

La intención era construir una imagen que generara confianza antes de concretar la cita. Los hombres eran escogidos teniendo en cuenta diferentes características, entre ellas el tiempo que llevaban en Medellín.

“Nosotros mirábamos cuánto tiempo llevaban en Medellín. Los que llevaban poquito tiempo eran como más fáciles”, aseguró.

De acuerdo con su relato, los extranjeros recién llegados también podían tener dólares o dinero en efectivo, lo que los convertía en candidatos atractivos para el grupo.

La cita avanzaba mientras obtenían información de las víctimas

Una vez se concretaba el encuentro, la joven aseguró que buscaban generar suficiente confianza para conocer información personal de los hombres y acceder posteriormente a sus pertenencias.

“Uno les preguntaba la clave del celular, la clave del computador, la clave de la tarjeta, pero como de una manera muy casual”, explicó.

También señaló que podían aprender los patrones de desbloqueo simplemente observando a la persona utilizar su teléfono.

El momento central del robo ocurría cuando introducían una sustancia en la bebida de la víctima. La mujer aseguró que, después de que el hombre quedaba dormido o perdía el estado de alerta, podían tomar sus objetos de valor.

“Yo les echaba las gotas y después esperaba a que se durmieran”, contó durante la entrevista.

Según su testimonio, los hombres que no hablaban español eran, en algunos casos, más fáciles de engañar debido a la barrera del idioma.

“Los americanos que no hablaban español eran los más fáciles”, afirmó.

Uno de los robos llegó a los $50 millones

Entre las historias que relató está la de un hombre de origen árabe, de quien aseguró que llegaron a obtener alrededor de 50 millones de pesos.

“Lo máximo que me llegué a robar fueron 50 millones de pesos”, afirmó.

Según explicó, en ese caso el dinero estaba relacionado con una cuenta de PayPal y la operación habría involucrado a una persona que tenía conocimientos de informática.

“Un hacker consiguió un PayPal de Estados Unidos y de ahí sacamos la plata”, relató.

El dinero, de acuerdo con su testimonio, fue posteriormente repartido entre los integrantes del grupo.

También hubo encuentros que terminaron en situaciones inesperadas

No todas las operaciones salían como esperaban. La mujer recordó el caso de un hombre que hablaba español y que se encontraba acompañado por varios amigos en un Airbnb.

Para convencerlo de que no había ningún riesgo, aseguró que incluso tomó de la misma bebida.

“Yo tomé del mismo vaso para que él viera que no pasaba nada”, contó.

Sin embargo, terminó quedándose dormida durante unos 30 minutos en el baño. Posteriormente, relató que ella y otra persona sacaron diferentes elementos del inmueble.

“Sacamos televisores, ventiladores, ropa, de todo”, recordó.

El taxi en el que transportaban las pertenencias fue detenido por la Policía durante la madrugada. La mujer aseguró que en ese momento inventó una historia para intentar evitar la captura.

“Yo dije que mi novio me pegaba, que me había escapado de la casa y que esas cosas eran de él”, relató.

Tenían una regla: no llevarse los pasaportes

Dentro del grupo existía una particular regla relacionada con los documentos de los extranjeros. Según explicó, evitaban quedarse con los pasaportes porque consideraban que eso podía generar problemas posteriores.

“Los pasaportes nunca se podían robar”, afirmó.

La razón, según explicó, era evitar que una víctima quedara sin posibilidades de salir del país y posteriormente regresara a buscarlos.

En una ocasión, aseguró que tomaron accidentalmente el documento de uno de los hombres y decidieron devolverlo.

“Nos dimos cuenta de que teníamos el pasaporte y se lo tiramos por la puerta desde la moto”, contó.

La captura ocurrió después de cumplir 18 años

La actividad terminó poco después de que cumpliera 18 años. La captura ocurrió en El Poblado, luego de un encuentro con un extranjero que hablaba español.

En esa ocasión, según su relato, logró quedarse con diferentes objetos de la víctima, entre ellos un computador, un celular, tarjetas y otros dispositivos.

Sin embargo, cometió un error al abandonar el lugar.

“Yo no cerré bien la puerta”, contó.

La situación fue advertida por la seguridad del lugar y posteriormente llegaron las autoridades. La joven fue detenida mientras utilizaba un documento de identidad falso.

El proceso terminó con una condena por hurto agravado y calificado y falsedad de documento.

Estuvo un año y medio en El Pedregal

La joven pasó aproximadamente un año y medio en la cárcel El Pedregal. Durante la entrevista habló de las dificultades que enfrentó durante ese periodo y de cómo esa experiencia terminó modificando su manera de pensar.

“Cuando yo entré a la cárcel, dejé las drogas”, aseguró.

También contó que durante su permanencia en prisión estudió y trabajó y que procuró mantener un buen comportamiento.

“Yo era una buena presa. Yo estudiaba, trabajaba y no tenía problemas con nadie”, afirmó.

Con el paso del tiempo, escribió al juez para consultar sobre algunas situaciones relacionadas con las actividades dentro de la cárcel. Posteriormente, según su relato, recibió el beneficio de prisión domiciliaria.

“Yo le escribí al juez preguntándole por las horas y él me dio la casa por cárcel”, explicó.

Tras cumplir su condena y recuperar la libertad, la mujer aseguró que ahora busca enfocarse en otros proyectos personales y empresariales. Sin embargo, su relato también deja en evidencia el funcionamiento de una dinámica en la que, durante años, extranjeros fueron seleccionados y engañados para despojarlos de sus pertenencias.