¿Dónde están las sondas Voyager 1 y 2 en 2026 y qué mensajes de la humanidad llevan?

La Voyager 1 alcanzó el espacio interestelar en 2012, mientras que la Voyager 2 lo hizo en 2018.
Voyager 1 y 2 siguen enviando datos desde una zona donde ya no llega la influencia directa del Sol. Crédito: NASA

Las sondas Voyager 1 y Voyager 2, desarrolladas por la NASA, son los únicos dispositivos construidos por el ser humano que han operado fuera de la heliosfera, la región dominada por el campo magnético del Sol. La Voyager 1 alcanzó el espacio interestelar en 2012, mientras que la Voyager 2 lo hizo en 2018.

La Misión Interestelar Voyager (VIM) extiende la exploración más allá de los planetas exteriores hacia el espacio interestelar. Esta región se encuentra fuera de la heliosfera, una burbuja formada por el viento solar y los campos magnéticos solares.

Actualmente, ambas sondas continúan midiendo campos magnéticos, partículas y ondas de plasma, lo que permite analizar el entorno más allá de la influencia solar.

Voyager 1 cruzó el límite de la influencia del Sol a unos 18.000 millones de kilómetros.Crédito: NASA

Objetivos de la misión Voyager y estudio del espacio interestelar

Los objetivos principales de la Misión Interestelar Voyager son caracterizar el entorno del sistema solar exterior, localizar la heliopausa y estudiar el espacio interestelar.

Las sondas lograron estos objetivos tras cruzar los límites de la heliosfera. La Voyager 1 fue el primer objeto humano en entrar en el espacio interestelar el 25 de agosto de 2012. La confirmación se dio tras detectar cambios en partículas y ondas de plasma. La Voyager 2, por su parte, cruzó este límite el 5 de noviembre de 2018 con datos confirmados por sus instrumentos.

Ambas siguen siendo las únicas naves en esta condición.

La misión se divide en tres fases: choque de terminación, heliofunda y espacio interestelar.

El choque de terminación marca el punto donde el viento solar reduce su velocidad al interactuar con el medio interestelar. La Voyager 1 cruzó este límite en 2004 a 94 unidades astronómicas (UA), mientras que la Voyager 2 lo hizo en 2007 a 84 UA.

Posteriormente, ambas entraron en la heliofunda, una región aún dominada por el Sol, antes de atravesar la heliopausa. Desde ese momento, operan en el espacio interestelar.

El disco de oro de Voyager contiene 115 imágenes y sonidos de la Tierra.Crédito: NASA

Historia de la misión Voyager y exploración planetaria

La misión Voyager comenzó en 1977 con el lanzamiento de ambas sondas. Su fase inicial incluyó sobrevuelos de Júpiter y Saturno. Posteriormente, la Voyager 2 extendió la exploración hacia Urano y Neptuno.

La misión planetaria finalizó en 1989, dando paso a la fase interestelar. Para ese momento, las sondas ya llevaban más de 12 años en operación.

La NASA informó que la tabla de estado de la misión Voyager se encuentra temporalmente fuera de servicio mientras se ajustan los datos para alinearlos con la información más reciente.

De acuerdo con la agencia, este proceso busca garantizar precisión en las mediciones en un momento clave, ya que la Voyager 1 se aproxima a una distancia equivalente a un día luz de la Tierra, un hito previsto para finales de este año.

El disco de oro de Voyager y el mensaje de la Tierra

Ambas sondas transportan un disco de oro diseñado como cápsula del tiempo. Este contiene sonidos, imágenes y música representativa de la Tierra.

El contenido fue seleccionado por un comité liderado por Carl Sagan. Incluye 115 imágenes, sonidos naturales y saludos en 55 idiomas, además de música de distintas culturas.

El disco, fabricado en cobre chapado en oro, contiene instrucciones en lenguaje simbólico para su reproducción. También incorpora un sistema basado en el átomo de hidrógeno y un mapa de púlsares que indica la ubicación del sistema solar.

La misión Voyager comenzó en 1977 y continúa activa más de cuatro décadas después.Crédito: NASA

Importancia de las sondas Voyager en la investigación espacial

Las sondas Voyager 1 y Voyager 2 representan una referencia en la exploración espacial. Son los únicos instrumentos que proporcionan datos directos del espacio interestelar.

A más de cuatro décadas de su lanzamiento, continúan operativas y enviando información. Su misión aporta datos sobre la interacción entre el viento solar y el medio interestelar, así como sobre la estructura de la heliosfera.

Además, el disco de oro permanece como un registro de la vida en la Tierra, con la intención de ser interpretado por posibles civilizaciones en el futuro.